Los Intelectuales en la Edad Media de Jacques Le Goff

Jacques Le Goff (1924-2014) es considerado sin dudas uno de los historiadores más influyentes de la Historia Medieval, reconocido como figura destacada de la École des Annales y vinculado a los orígenes de la Escuela de la Nueva Historia. La publicación de la obra a reseñar, ‘Los intelectuales de la Edad Media’, tiene su propia historia.

La primera edición corresponde al año 1957, y en el extenso prefacio a la segunda edición en francés veintisiete años después[1], el mismo autor explica las motivaciones historiográficas para revisar la temática sobre los intelectuales medievales, configurando una versión actualizada y confrontativa; justifica esa labor por las aportaciones en tres áreas específicas: la documentación, el dominio de lo cotidiano y la influencia de las universidades en la  política. El interés consiste en desplazar la atención de las instituciones hacia los hombres, de las ideas hacia las estructuras sociales, las prácticas y las mentalidades.

El foco de atención está centrado en los “intelectuales” de la Edad Media como aquellos profesionales del pensamiento y la enseñanza que hasta entonces, poco se habían preguntado las ciencias humanaspor esos hombres de ciencia, por sus necesidades materiales, sus condiciones de vida, de estudio, por su conciencia sobre su propia actividad profesional, por cómo la imaginaban, por cómo se situaban en los esquemas sociales imaginarios.

San Jerónimo. Maestreo del Maréchal de Boucicat (1410-1415). Museo Jacquemart André (París)

La estructura del libro está compuesta por una introducción, en la cual Le Goff se dedica a la definición del término “intelectual”, aquellos maestros de las escuelas que se anuncian en la Alta Edad Media, se desarrollan en las escuelas urbanas del siglo XII y florecen a partir del siglo XIII en las universidades. A continuación se presentan tres partes: la primera, titulada “El siglo XII. Nacimiento de los intelectuales”, la segunda parte titulada “El siglo XIII. La madurez y sus problemas” y la última parte, “Del universitario al humanista”.

De modo progresivo, Le Goff interpela al lector proponiendo pensar al intelectual como aquel que corre el riesgo incluso de caer en exceso de raciocinio; ya que como crítico es afín a destruir por principio y denigrar por sistema.

Propone un panorama amplio argumentando que no sólo el parcelamiento geográfico y político de la Alta Edad Media fueron los rasgos esenciales del paisaje intelectual de la cristiandad occidental en los siglos XII y XIII sino que se debe tener en cuenta también factores como la división del trabajo, la ciudad, y las nuevas instituciones. Lo que realmente es decisivo en el modelo del intelectual medieval, es su vínculo con la ciudad, muy ligado a la evolución entre la escuela monástica y la escuela urbana que en un principio era de carácter  abierta, incluso a estudiantes laicos.

No podemos pasar por alto que es una sociedad claramente controlada por la iglesia y políticamente regida por una doble burocracia: laica y eclesiástica. Según Le Goff los intelectuales de la Edad Media son ante todo intelectuales orgánicos, servidores de la iglesia y del Estado. Las universidades son cada vez más el asilo de los altos funcionarios, pero muchos de ellos a causa de la función intelectual y de la libertad universitaria se convierte en intelectuales críticos, incluso a veces perfilan en la herejía. El autor propone reflexionar sobre cuatro grandes intelectuales de los siglos XIII al XIV a fin de ilustrar la diversidad de los comportamientos críticos en el ámbito de la enseñanza superior: Abelardo, Santo Tomás de Aquino, Siger de Brabante y Wyclif.

Destaca la formación del poder universitario, clerical, y monárquico. Este sistema funcional junto a la labor religiosa y la función político guerrera se funden en un modelo de economía productiva. Destacan los esfuerzos que debe realizar el intelectual del siglo XIII para poder participar del poder eclesiástico y ejercer una influencia política para distinguirse del trabajador manual. No sólo propone abordar al intelectual desde el espacio monástico, sino que incluye el espacio urbano. Sugiere pensar que dentro de la naturaleza y la dinámica de las ciudades medievales junto a los aspectos económicos, jurídicos y políticos el mercader no es el único ni el principal actor en la génesis urbana del occidente medieval. El intelectual nace en las ciudades cómo un hombre de oficio debido a la función comercial e industrial. Podría decirse que se observa un tipo de revolución cultural. Manifestaban la imperiosa necesidad de ser hombres nuevos. Debemos tener en cuenta que a su vez, las ciudades fueron el centro de confluencia y circulación de los hombres cargados, tanto de ideas, como de mercaderías, eran espacios de intercambio.

Enrique de Alemania dando una conferencia a estudiantes universitarios en Bolonia, por Laurentius de Voltolina.

El medievalista francés aborda al intelectual del siglo XII como un artesano, un hombre de oficio cuya función es el estudio y la enseñanza de las artes liberales; se encuentra asombrado por el avance de la disputatio en teología[2] pero lo cierto es que todavía estos artesanos cuyo instrumento es su espíritu, aún deben organizarse dentro del gran movimiento corporativo del movimiento comunal, es decir estas corporaciones de maestros y estudiantes que decantarían en las universidades del siglo XIII.

Para el siglo XIII la situación universitaria adquiere un gran impulso en lugares como Bolonia, París y Oxford que se encuentran repletas de profesores y estudiantes, en las cuales el método de estudio es el escolasticismo. A medida que se van desarrollando las universidades en las ciudades van adquiriendo gran poder y una gran autonomía enfrentando a los poderes eclesiásticos y los poderes laicos, principalmente el poder real ya que los soberanos trataban de dominar corporaciones que aportaban riquezas y prestigio a su reino. También luchan contra el poder comunal, es decir, burgueses que se irritan al comprobar que la población universitaria es capaz a su jurisdicción. En conclusión, las corporaciones universitarias responderán con gran determinación y una fuerte cohesión a la hora de enfrentarse contra dichos poderes.

Los universitarios encontraron un gran aliado “todo poderoso”: el papado; la Santa Sede reconocía la importancia y el valor de las actividades intelectuales, pero a su vez las intervenciones de este no son desinteresadas, más bien, lo que busca hacer es acaparar las universidades a la jurisdicción de la Iglesia. La corporación universitaria es ante todo eclesiástica, los universitarios son hombres de la iglesia incluso cuando estos traten de salir de esta, institucionalmente.

Por último Le Goff  habla sobre la decadencia de la Edad Media refiriéndose a la detención de la explosión demográfica, un periodo de pestes, hambre, guerras (Guerra de los 100 años, Guerra de las Dos Rosas, etc) que aceleraron la transformación de las estructuras económicas y sociales del occidente. En este contexto habrá de desaparecer el intelectual de la Edad Media que será reemplazado por el humanista.

Federico Debernardinis
Universidad Católica Argentina
debernardinisfederico@gmail.com 


[1] Se deben considerar tres años más para la versión en español, correspondiente a 1985, aquí presentada.

[2] Se discute públicamente violando constituciones sagradas, sobre el misterio de la divinidad, sobre la Encarnación del verbo, indivisible Trinidad etc.

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